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Aquella Caricia

Me refiero con ello a las caricias, paterno-filiales (que hacen los padres a los hijos). El amor que sientes hacia tus padres y viceversa. El jugar con ellos, cuando nos llevaban a todos sitios. Hoy (meneo la mano y agito la cabeza) tengo mis dudas. Nos hemos liberado tanto que no sentimos
amor ni por un perro callejero. Que incluso lo ves y ves como alguien le da una patada y sale el perro despavorido, para meter al gañan más bien en la perrera que denunciarlo a la Protectora de Animales. Como en estas épocas veraniegas en que el éxodo perruno es forzado y masivo.
Pero yo me voy a recuerdos, a las ausencias sentidas, temporales o definitivas. De las personas que quieres. El no poder disfrutar momentos que necesitabas, simplemente porque la legislación libre no lo permite, pero tampoco protege aunque sea el libre albedrío lo que hubiera que reinar.
En eso los pequeños autónomos perdían a la hora de planificarse las vacaciones.
Hoy por fortuna, coges unos dias en un hotel más o menos de precio y a tu gusto y pasas una semana bonita.

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